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Amado Nervo (1870-1919)

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino,
que yo fui el arquitecto de mi propio destino…

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
1

Poeta, novelista, ensayista y periodista mexicano; una de las personalidades más complejas de la literatura hispana. Nació en Tepic, Nayarit. Realizó estudios teológicos y después ingresó en el Cuerpo diplomático; fue embajador de México en Madrid, España y en Montevideo, Uruguay.

En 1894 se instaló en la Ciudad de México donde conoció a Manuel Gutiérrez Nájera y con él fundó la revista Azul que pretendía llevar a cabo una renovación artística en la literatura hispanoamericana. Al lado de otros compatriotas, como Luis G. Urbina y el propio Gutiérrez Nájera, creó el movimiento ‘modernista’ que habría de dar a las letras iberoamericanas algunas de sus plumas más sublimes.

Desarrolló con maestría todas las modalidades modernistas. Impregnó su obra de misticismo, temas patrióticos, y alcanzó niveles de introspección profunda y admirable. La gracia y habilidad con que esculpe en la mente de los lectores imágenes y cuadros de sus percepciones íntimas es uno de los rasgos más admirados de su obra. Proyectó la calidad melancólica de sus contradicciones emotivas, como el desapego, el olvido y el dolor, frente a la resignación, la esperanza y la evocación. Sin embargo, el fervor religioso es uno de sus rasgos primordiales, fuente de sentimientos atormentados en el poeta.

Yo no soy demasiado sabio para negarte,
Señor: encuentro lógica tu existencia divina;
me basta con abrir los ojos para hallarte;
la creación entera me convida a adorarte,
y te adoro en la rosa y te adoro en la espina.
¿Qué son nuestras angustias para querer por ellas
argüirte de cruel? ¿Sabemos por ventura,
si Tú con nuestras lágrimas fabricas las estrellas,
si los seres más altos, si las cosas más bellas
se amasan con el noble barro de la amargura?
2

Esta religiosidad le llevó a alejarse del movimiento modernista para encontrar un estilo propio lleno de panteísmo y fervor religioso que algunos de sus contemporáneos consideraron fuera de tiempo. Encontramos ejemplos de su sentimiento religioso en Plenitud, publicada en 1918 (disponible en la pág. 57 de este número de Club de Lectores).

La obra por la que Amado Nervo es más recordado y leído es La amada inmóvil (1922), que se publicó tras la muerte del poeta. Está inspirada en la muerte de Ana Daillez, mujer a la que el poeta amó en vida.

Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar…
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

1. En paz, fragmentos.
2. Yo no soy demasiado sabio, fragmentos.
3. Gratia plena, fragmentos.
4. Inmortalidad, fragmentos.

 

 

 

...
¡Cuánto, cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía;
pero flores tan bellas nunca pueden durar!
Era llena de gracia, como el Avemaría,
y a la Fuente de Gracia, de donde procedía,
se volvió... ¡como gota que se vuelve a la mar!
3

Su sensibilidad se manifestó no sólo en su obra, sino en el trato gentil que brindaba a todo el que conocía. Era famosa su generosidad sin límites, por ejemplo, se cuenta que, al llegar a la ciudad de México, tomó por costumbre recorrer la antigua calle de Plateros, hoy Madero, socorriendo a los necesitados con generosas dádivas, sin percatarse siquiera que él mismo se quedaba sin dinero.

Amado Nervo había publicado ya veinte libros, poseía un gran renombre en todos los países de habla hispana y se encontraba en el ápice de su fama, pero su salud era deficiente. En medio de un viaje en el cual dictó conferencias por Nueva York y Buenos Aires, llegó a Montevideo y tuvo que presentarse en numerosos actos públicos y entrevistas. Enfermó seriamente y agravó. En su habitación del Parque Hotel, frente a la Playa de Pocitos, murió en la mañana del 24 de mayo de 1919.

Los honores tributados a Nervo, en su muerte y exequias, incluyeron guardias diplomáticas, oficiales, estudiantiles, populares; honores militares y discursos innumerables en el sepelio. Ofrendas florales y notas en la prensa mundial. Cien días después, el cadáver fue traído a México en un crucero uruguayo, acompañado por otro crucero argentino, a los que se unió luego un barco de guerra cubano; Uruguay obsequió el sarcófago, que está en la Rotonda de las Personas Ilustres, en México, donde yace Amado Nervo.

¡No puedes olvidarme: te condeno
a un recuerdo tenaz! Mi amor ha sido
lo más alto en tu vida, lo más bueno;
y sólo entre los légamos y el cieno
surge el pálido loto de tu olvido.

¡Y habrás de recordar! Esa es la herencia
que te da mi dolor, que nada ensalma.
¡Seré cumbre de luz en tu existencia,
y un reproche inefable en tu conciencia
y una estela inmortal dentro de tu alma!
4

 


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